miércoles, 20 de febrero de 2013

VIOLETA MONREAL EN EL CEIP TUCCI





 Mañana es hoy , Violeta finalmente ha estado en el colegio.
Os dejo algunos de los momentos  del día de hoy.  :)  :)
Damos la bienvenida a Violeta con una muestra de los libros que tenemos en Bibliotucci de ella.Todo comenzó con un historia y un una cartulina 
La maleta de Violeta se abrió y comenzaron a salir multitud de sorpresas.
Todos intrigados...¿qué sacará?

 

 

Hora de las firmas.



Mañana Jueves 21 de Febrero Violeta Monreal visita nuestro colegio. El alumnado de Primer y Segundo Ciclo se entrevistará con ella , hablará de sus libros , contará historias y estoy segura que Violeta sorprenderá a todos , niños y adultos.
¿Por qué ?




Porque Violeta  es una excelente escritora de libros de literatura infantil y juvenil perooooo... acostumbra a viajar con una maleta maravillosa con multitud de papeles de colores, pequeños tesoros , abalorios...etc. Y con ellos dibuja y compone imágenes y escenarios increibles , donde recrea  sus historias.  




La particularidad de Violeta a la hora de ilustrar sus libros es que no utiliza  tijeras para cortar los papelitos ,son sus manos las que rasgan moldeando los ingeniosos personajes, las escenas, los paisajes ...una habilidad muy  especial de ella. 






Todos sus libros están ilustrados utilizando esa técnica creativa y muy pero que muy original.
En Bibliotucci tenemos la mayor parte de los libros de Violeta ,así que os invito a navegar en alguno de ellos.


           

       



No olvidar llevar vuestro libro para que  Violeta os lo firme.



martes, 19 de febrero de 2013

LA BIBLIOTECA UNA VENTANA ABIERTA






La biblioteca es un espacio mágico para la ciencia, la imaginación , para la investigación , para la aventura ...para compartir lecturas , para conocer para....tantísimas cosas.

Os dejo algunas ilustraciones del artista genovés  Andrea Musso, también es  ilustrador y acuarelista. 
La biblioteca ,una ventana abierta al mundo,una puerta abierta siempre a la lectura.











viernes, 15 de febrero de 2013

DOÑA MENCÍA LÓPEZ DE HARO


Leyenda Nº 1

      LA LEYENDA DE DOÑA MENCÍA LÓPEZ DE HARO (Martos)

La leyenda de Doña Mencía es una bonita historia sobre una de las muchas mujeres que jugaron un importante papel en la Reconquista y de la que se sabe muy poco.

Se puede decir que fue una mujer muy inteligente capaz de salvar una plaza tan importante como lo era Martos. Doña Mencía López de Haro, era hija de una noble familia de Vizcaya, nieta del rey Alfonso IX y casada con Don Álvar Pérez de Castro.

A Doña Mencía le tocó vivir en una época muy importante de nuestra historia, la que corresponde con la conquista por parte del rey Fernando III el Santo, de las tierras de Jaén que todavía pertenecían al Reino Nazarí de Granada.

En el año 1224, Martos pertenecía al reino de Baeza, cuyo rey era un musulmán aliado, tras un pacto que se hizo después de la victoria de Fernando III de la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212. En este pacto, este rey musulmán se hizo amigo del rey Fernando y le cedió las plazas de Martos y Andujar porque estaban situadas en sitios muy importantes, para así poder continuar conquistando territorio a los moros.

En éstas estaban cuando el rey Aben Alhamar de Granada, que por cierto era de Arjona y ya había hecho tratos con Fernando III anteriormente, se enteró que el alcaide de Martos, que era Don Alvar Pérez de Castro, el esposo de Doña Mencía, estaba tratando unos asuntos con el rey en Toledo, y quiso conquistar de nuevo Martos porque a él le venía muy bien este territorio, además se enteró de que en Martos apenas había soldados para defenderlo porque el que se había quedado al mando se había ido con todos a luchar a otro sitio.
Imaginaos al rey Alhamar frotándose las manos cuando se enteró de que en Martos sólo había 40 hombres armados para defenderlo. Ya se veía él en su castillo de la peña cómodamente instalado. Con lo que él no contaba es que, quizá en Martos no había hombres, pero sí que había mujeres y muchas, a la cabeza de todas estaba la mujer del alcaide, Doña Mencía, que como bien dice el refrán:”Detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”.

Pues a esta gran mujer, que por cierto sería muy lista pero era un poquito fea, cuando se vio rodeada de moros por todas partes y sin hombres que las defendieran, se le ocurrió la fantástica idea de vestir a todas las mujeres de hombres. Con los trajes de soldados de repuesto que tenían los hombres en los armarios, disfrazó a todas las mujeres de Martos y las colocó en todas las torres y en todas las almenas.
Cuando Alhamar vio desde lejos las murallas de la ciudad llenas de soldados se asustó, le echó una bronca monumental a su visir que le había dicho que no había hombres en la ciudad , dio media vuelta y salió corriendo como el perro que trepó la olla, como dicen en mi pueblo.

Así que, una vez más, las mujeres les han salvado el pellejo a los hombres. Aunque sean más conocidas las hazañas caballerescas de los hombres medievales, también hubo en esta época tan oscura y a la vez tan bonita de nuestra historia, mujeres inteligentes y valientes.







EL SANTO ROSTRO DE LA CATEDRAL


Leyenda Nº 2
 
 

          EL SANTO ROSTRO DE LA CATEDRAL DE JAÉN

La leyenda cuenta que el santo Rostro fue traída a Jaén por el primer obispo de Jaén, San Eufrasio, que tenía una villa, fuera de las murallas de Jaén y allí en una capilla tenía dos diablillos encerrados en una vasija de cristal, los cuales se pasaban el día discutiendo el uno con el otro. Un día mientras los demonios lo creían dormido, San Eufrasio se da cuenta que los demonios no están discutiendo, sino cuchicheando algo en voz baja, escuchando cómo se decían que hoy era el día en que Lucifer le iba a tender una trampa al Papa y que estaba a punto de cometer un gran pecado; el obispo, para intentar evitarlo, amenazó a los diablillos para que le contaran todos los detalles, y al final éstos entraron a negociaciones con San Eufrasio, de modo que si le ayudaban éste no le diría nada a Lucifer de que sus diablillos le habían delatado.
 A cambio del silencio y de darles todos los días las sobras de su comida a los diablillos, éstos le llevarían volando por los aires a Roma, a lo que el obispo accedió. Entonces uno de los demonios se transforma en una gran bestia alada y sus lomo voló hasta el Vaticano en brevísimo tiempo; una vez allí previno al Papa de su caída en el pecado, se trataba de una mujer bellísima enviada por el demonio que iba hipnotizando a todos los hombres a su paso y que caían a sus pies, incluido el Papa. 

San Eufrasio llegó hasta ésta mujer y le impuso una cruz en el hombro, y en ése momento la tierra se abrió y devolvió al demonio hecho mujer al averno. Así, remediado el problema, el Papa, muy agradecido, le devolvió el Santo Rostro; y volvió a Jaén con la preciada reliquia de nuevo a lomos del diablillo y luego el obispo empezó a cumplir su promesa de darle las sobras de sus cenas, que a partir de entonces decidió que consistirían en comer nueces, con lo que el diablillo sólo obtenía las cáscaras.

La tabla de la Santa Faz se encuentra colocada en un marco de plata con piedras preciosas engastadas, al igual que un icono oriental. A su vez este se custodia en un arca dorada.

Esta joya fue realizada por el platero cordobés José Francisco de Valderrama en 1731, a petición del obispo Rodrigo Marín Rubio. En ella se incluyeron 191 rubíes, 193 diamantes y 210 esmeraldas. En 1814, la duquesa de Montemar donó un lazo de brillantes que desapareció en la Guerra Civil, por lo que fue sustituida por otro, donado por la marquesa del Rincón de San Ildefonso, realizado por Félix Granda. En la parte posterior la tabla lleva una inscripción en latín alusiva al autor y a la fecha de realización. 

LOS ÁNGELES DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS


Leyenda nº 3

LOS ÁNGELES DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS

Una mañana del año 1667 llegó a Jaén un escultor llamado Antón acompañado de su esposa y dos pequeños hijos gemelos. Encontraron vivienda en una modesta casa de la Magdalena, pero los vecinos se extrañaban pues la mujer y los niños jamás salían a la calle.

 Antón comenzó a trabajar como escultor en las obras de la Catedral. Salía por las mañanas temprano y regresaba a casa a la noche. Tenía un carácter muy reservado y procuraba no mezclarse demasiado con la gente. 

Evitaba conversar con nadie y siempre caminaba en solitario por las calles menos transitadas. Nadie conocía nada acerca de su vida o su familia. Pero a pesar de ello, su trabajo con la piedra y la madera era exquisito y muy admirado, así que la demanda del mismo fue aumentando al igual que su fama.
Sin embargo, una noche desapareció con la familia sin dejar rastro. Los vecinos dijeron que habían escuchado fuertes gritos de gente en la casa, así como galopar de caballos y tropel de lucha. Algunos dijeron haber visto a Antón aquella noche corriendo desesperado hacia la puerta de Martos tras el rastro de una gran polvareda.
Un día, unos diez años después de aquellos hechos, volvió a verse a Antón por Jaén. El hombre tenía muy mal aspecto y había envejecido mucho más de lo normal para su edad. Mostraba claros signos de sufrimiento en su rostro.
Antón fue al convento de los Carmelitas Descalzos, donde se conservaban varias obras suyas, y pidió asilo a cambio de trabajo. El padre superior accedió, y se convirtió en la única persona con la que Antón cruzaba algunas palabras. Después de mucho tiempo y con gran paciencia, el superior logró que Antón relatara todo lo ocurrido.

El hombre contó que había sido hecho prisionero cuando prestaba servicio en un barco de guerra español y conducido a tierras africanas donde estuvo prisionero cuatro años. Cuando lo dejaron en libertad le dieron la opción de regresar a su tierra, pero él no contaba con medios económicos para hacerlo así que se puso a trabajar en casa de un rico musulmán. Allí conoció a la hermosa hija de éste y se enamoró de ella, siendo su amor a su vez correspondido. Pero por supuesto el padre no aprobaba dicha unión, por lo que ambos decidieron huir juntos de aquellas tierras. Así fue como llegaron a la Península. Primero se asentaron en Sevilla, donde nacieron sus dos hijos gemelos, y finalmente decidieron trasladarse a Jaén.

Decidieron guardar el secreto a todo el mundo y tratar de pasar totalmente desapercibidos por miedo a que su paradero llegara a oídos del padre de ella. Sin embargo, finalmente ocurrió lo temido y una noche se presentaron en la casa seis hombres armados y a caballo, los cuales, sin mediar palabra, le arrebataron a su esposa y sus dos hijos.
Antón no podía dejar de llorar recordando aquellos amargos momentos y las caras de dolor de su familia. Decía tener grabados en su mente los rostros contorsionados por la pena y las lágrimas de sus dos pequeños hijos. Había buscado a su familia hasta la extenuación, pero todo había sido en vano. El padre superior se quedó muy acongojado al conocer la triste historia y trató de darle todo su apoyo para ayudarlo a soportar el día a día.

Antón comenzó a trabajar en un precioso retablo para la Virgen de las Angustias, pero en sus ratos libres tallaba unos angelitos que lloraban amargamente con gran dolor. En aquellos rostros plasmó las imágenes de sus dos amados hijos en aquel triste momento en que fueron arrancados de su lado. Todos en el convento quedaron sorprendidos ante la belleza y realismo de la obra y los angelitos fueron colocados al pie de la imagen de Nuestra Señora.
Pero dos días después de bendecidos los angelitos, Antón volvió a desaparecer. Sólo dejó una nota sobre su cama dirigida al superior, en ella explicaba que no podía soportar el dolor que le causaba contemplar aquellos dos angelitos y por ello abandonaba Jaén para siempre. Nunca más se supo de él.

















NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO ''EL ABUELO''


Leyenda nº 5

NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO ''EL ABUELO''

Otra leyenda muy arraigada a la ciudad tiene que ver con la excelente talla de ''El Abuelo'', el Nazareno que tanta devoción tiene en Jaén.
Cuenta la leyenda que un abuelo pasó por una posada y en la puerta vio un tronco de olivo. Al verlo le dijo a los dueños que de ahí saldría un buena nazareno.

Ante el comentario del anciano los posaderos le preguntaron que si podría hacerlo y éste asintió. Le pidió que le dejasen el tronco en una habitación solitaria sin ruidos y que no le dejasen herramientas, porque no las necesitaba.

 Los posaderos aceptaron tan simple petición y dejaron al abuelo a solas con el tronco. Pasó un rato pero no se escuchaba ningún ruido. Los dueños de la posada tocaron a la puerto del anciano pero al no tener respuesta alguna decidieron entrar al entrar se encontraron con la hermosa talla del Nazareno. De ahí viene el nombre de ''El Abuelo''.


EL LAGARTO DE LA MAGDALENA


Leyenda nº 4

 EL LAGARTO DE LA MAGDALENA

En Jaén, en el antiguo barrio de la Magdalena, frente a la iglesia, existe un manantial que antiguamente daba un chorro de agua del mismo grosor que el cuerpo de un buey. Este manantial era tan famoso que mucha gente acudía para verlo, incluso de lugares lejanos. Es tradición que en el manantial de la Magdalena tenía su guarida un reptil gigantesco, el lagarto de la Magdalena.
El lagarto de la Magdalena era tan voraz que no sólo devoraba a todo incauto que se acercara a la fuente, sino que salía a los caminos y destrozaba los rebaños.
Un día en que los habitantes de Jaén estaban desesperados y no sabían qué hacer para escapar del monstruo, un condenado a muerte que esperaba el cumplimiento de la sentencia se ofreció a enfrentarse con el lagarto si, a cambio, le perdonaban la vida.
 
 
 
 
 
 
 
 

Las autoridades accedieron y el preso solicitó un caballo, un cordero y un haz de yesca. Pertrechado con estos elementos, el condenado se acercó al manantial y cuando el lagarto se lanzó contra él, picó espuelas y se alejó a galope perseguido por el saurio. En la huida le arrojó lo que parecía un cordero ensangrentado, que el monstruo tragó de un solo bocado. En realidad era la piel del cordero rellena de yesca encendida.
 
 
 
 

La combustión de la yesca abrasó las entrañas del animal, que estalló con un estampido formidable. De aquí procede la maldición: «Así revientes como el lagarto de Jaén», o «como el lagarto de la Malena».
 
 
 
 

Hasta hace poco tiempo, la piel del lagarto se exhibía desplegada en un muro de la iglesia de San Ildefonso, de Jaén. La leyenda del lagarto gigante se recoge también, con algunas variaciones, en Córdoba, en Sevilla, en Navas del Marqués, en Valencia y en otros lugares de España para explicar por qué en ciertas iglesias y catedrales se exponen pieles de lagartos gigantescos rellenas de paja. En realidad pertenecen a caimanes americanos que los conquistadores enviaban a sus pueblos de origen como curiosidad. 
 
Algunas acabaron colgadas en las iglesias para representar simbólicamente el silencio con el que se debe conducir el creyente en el templo. Se supone que el cocodrilo es el único animal que no está dotado de sonido característico alguno. Esto no es cierto, pero antiguamente así lo creían.