sábado, 3 de febrero de 2018

Pedro y el lobo




 Gema nos narró la historia de "Pedro y el lobo", cuenta como un pastor se divertía engañando a sus vecinos del pueblo porque gritaba " ¡que viene el lobo!. Un día la mentira se volvió contra él...



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Un joven pastor que cuidaba de su rebaño de ovejas en las cercanías de un pequeño pueblo.
 Un día se le ocurre hacer una broma a los habitantes del lugar, así que acude al sitio alarmado gritando que se había encontrado con un lobo, y que sus ovejas corrían peligro. Esto preocupó a todos los habitantes, que se dispusieron a ayudarlo. Corriendo lo siguieron hasta el lugar en donde había avistado al supuesto lobo, pero solo se encontraron con la burla del joven. Enfadados por la mentira regresaron hasta el pueblo. 
El lobo, sin embargo, sí se le apareció al pastor un día, y este volvió a acudir al pueblo para pedir la ayuda de los vecinos pero, debido a que estos imaginaron que se trataba de otra broma pesada del pastor, decidieron no ayudarlo. Y así, el lobo se comió a todas las ovejas y al pastor.




La castañera



Carmen, la abuelita de Sara y Elena visitó la biblioteca escolar cargada de una historia entrañable y tradicional "La Castañera". Muchas gracias.
¡ Vuelve pronto!

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Un amor de botón

¡Qué bien hoy en la biblioteca escolar! nuestra compañera Gema, se ha convertido en mamá de Adriana y Enma, para leernos una historia de amor "Un amor de botón" con sus compañeros/as de Infantil 4 años. 
Muchas gracias ha sido una gran idea.



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El detective Lucas Borsalino

El cuento que nos ha contado Gloria, la mamá de Juan, alumno de Infantil 4 años, forma parte de la colección “Mi primer…” una colección, de Alfaguara, que nos permite acercarnos a los grandes autores de la literatura de adultos a través de álbumes ilustrados para los más pequeños.
El mejor regalo que podían hacerle a Lucas, en su séptimo cumpleaños, era el sombrero que había llevado su abuelo. “Borsalino”, como llamaba su abuelo al sombrero, había sido protagonista de muchas de las historias que había escuchado. Aún quedándole grande, desde ese día, el protagonista de esta historia se convierte en el detective Lucas “Borsalino”

                        Muchas gracias, mami.
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El autor, Juan Marsé es el que da el paso para adentrarse en el género detectivesco con pequeño protagonista metido a investigador privado por obra y gracia de un sombrero borsalino que le regala su abuelo al cumplir siete años. Armado con linterna y pistola de agua, el flamante Lucas Borsalino deberá interrogar, y sobre todo, aprender a negociar con distintos tipos de sospechosos para averiguar quién de ellos se ha llevado el jamón del vecino, un bikini plateado o la dentadura postiza de una anciana de su urbanización.

 Especial atención merecen las originales ilustraciones de Roger Olmos.
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Cuando Lucas cumplió siete años, el regalo que
más le gustó, de todos cuantos le hicieron, fue
un viejo sombrero que había usado su abuelo.
Era de color gris, con una cinta negra sobre
el ala. El abuelo lo llamaba B
orsalino.
Decía que estaba hecho con piel de
conejo belga y que había pertenecido
a gánsteres y a detectives.


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La princesa enfadada

"La Princesa enfadada" una historia divertida que la mamá y el papá de Julia de Infantil 5 años nos han contado de forma amena dentro de las actividades de animación a la lectura "Cuentacuentos con familias".

https://www.facebook.com/100009996345880/videos/625996854410187/




Regalo final para todos y todas 
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Este cuento para niños enseña lo importante que es hacer amigos para ser feliz y que para poder tener amigos no hay que estar siempre enfadado sin motivo ni de mal humor. Poner una sonrisa en la cara, puede hacer cambiar un día triste por otro feliz.
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Se llamaba Isabel y todos decían que tenía nombre de reina. Y aquello no era tan raro, porque Isabel algún día sería reina, que para eso era una princesa y vivía en un palacio y tenía sirvientes a los que daba órdenes sin parar, vestidos con piedras preciosas de los que se cansaba enseguida y todas esas cosas lujosas que tienen las princesas de cuentos. Isabel también tenía un dragón tan torpe, que siempre tenía que castigarle en un rincón, un padre al que le gustaba llevarle la contraria y una hada. Aunque eso de la hada no lo sabía todavía. Isabel, además, tenía una ventana enorme en su habitación. Desde aquella habitación, Isabel podía ver el alboroto de la ciudad, con sus luces, sus coches, sus cines y toda esa gente que caminaba de aquí para allá. ¡Aquello parecía tan fascinante!
Pero Isabel, con su nombre de reina y todos sus lujos, no sonreía mucho ni se sentía muy feliz. Se pasaba el día enfadada porque no podía salir de su palacio. Era una princesa y más tarde sería reina y ¿cómo iba a mezclarse una reina con sus súbditos? ¿Cómo iba una reina a pasear por las calles sucias de una ciudad? Además, ¿por qué iba a querer mezclarse con el resto del mundo teniendo aquel palacio maravilloso? Y era cierto que su palacio era maravilloso, con sus jardines, su dragón y todos sus sirvientes. En él Isabel podía hacer todo lo que quisiera, comer de su fuente de chocolate tantos dulces como le apeteciera, ver la televisión en una pantalla gigante sin preocuparse de nada, montar en caballos con alas por los jardines o bañarse en una piscina donde el agua estaba hecha de oro. Pero todas esas cosas extraordinarias no bastaban. Isabel se sentía muy sola. Es cierto que tenía muchos sirvientes que hacían su vida más fácil, pero no eran amigos con los que jugar.
– Es que… es tan rollo ser princesa – suspiraba Isabel una y otra vez. – Es un rollo, un rollo, un rollo y un rollo.


Y tanto lo dijo y tan enfadada parecía, que al hada no le quedó otro remedio que aparecer y ver qué le pasaba a aquella princesa caprichosa. Isabel, que estaba acostumbrada a que en su palacio hubiera personajes tan fantásticos como dragones y reyes gruñones, no se sorprendió lo más mínimo al saber que tenía un hada. Si tenía un palacio, un montón de caballos con alas, una fuente de chocolate y una piscina de llena de oro, ¿por qué no iba a tener también un hada?
– ¡Cuánto has tardado en aparecer! Venga… rápido… ¡llévame a la ciudad! ¡que quiero tener amigos!
El hada, a la que no le gustaba nada que le hablaran de malos modos, puso cara de enfado y con su voz de pito exclamó:
– Un poco de amabilidad, señorita. Con esos modales nunca tendrás un amigo. A los amigos se les habla con cariño, se les pide las cosas por favor…
– Pero es que tú no eres mi amiga… eres ¡simplemente un hada!
– ¿Simplemente un hada? ¡Cómo puedes decir eso! Creo que no quiero ser tu hada, me marcho…
Y el hada desapareció. Isabel se enfadó, gritó, lloró de rabia y finalmente, muy bajito, pidió por favor, por favor, por favor, que el hada volviera. Y como lo había pedido por favor, el hada regresó.
– Te sacaré de este palacio, pero no te llevaré a la ciudad. Antes de conocer mundo y de tener amigos, debes aprender a sonreír. ¡No se puede estar enfadada todo el día, querida princesa!
– ¡¡Yo no me paso el día enfadada!! – exclamó muy enfadada Isabel.
Pero al decirlo se dio cuenta de que el hada tenía razón: era una princesa enfadada eternamente. Así que no le quedó otro remedio que aceptar lo que le proponía el hada.
– Lo siento. Son normas de la magia: tus deseos no se cumplirán hasta que no dejes de estar enfadada todo el día – y acto seguido tocó con su varita mágica a la princesa Isabel.
Un segundo después, Isabel estaba rodeada de barro junto a una casa que olía peor que la torre en la que tenía encerrado a su dragón.
– ¿Por qué me habrá traído esta hada aquí? ¡¡Qué asco!! Si aquí solo hay animales. Así cómo voy a tener amigos, ¡cómo no voy a enfadarme todo el rato!
Isabel continuó caminando muy enfadada entre todas aquellas vacas que mugían y aquellas gallinas que la seguían a todas parteños. Hasta que se encontró a un niño roncando en una silla junto a un perro pastor. Pero además de roncar, aquel niño tenía la sonrisa más grande y más bonita que había visto nunca.
Isabel esperó a que el muchacho se despertara. Quizá, pensó, él puede ser mi amigo. Pero la paciencia de Isabel era tan pequeña como su sonrisa, así que no habían pasado ni dos minutos cuando empezó a molestarle el ronquido del niño, la sonrisa enorme en la boca y sobre todo… ¡que no se despertara para ella!
– Pero bueeeeeeeno… ¡ya está bien! ¡¡Deja de roncar!! – dijo Isabel mientras le zarandeaba muy enfadada.
El niño se despertó un poco despistado, pero sin dejar de sonreír.
– ¡Qué sorpresa más agradable! ¡Una niña con la que jugar! Aunque una niña un poco enfadada…
– ¡¡Yo no estoy enfadada!! – exclamó muy enfadada Isabel.
El niño no pareció inmutarse con los gritos de Isabel, al contrario, estaba muy contento de tener compañía aunque fuera la compañía de aquella princesa enfadada.  
– ¿Te apetece comer un bocadillo? Tengo dos. Uno es de chorizo y otro de queso.
Aquel niño era tan amable y su sonrisa era tan bonita, que a Isabel se le quitó el enfado en un periquete. Juntos se comieron el bocadillo y juntos comenzaron a jugar con los animales. El niño, que sonreía siempre, le contó que se llamaba Miguel y que vivía solo en aquella granja, pero que no se sentía solo porque todos aquellos animales eran sus amigos. Isabel, a su vez, le contó que en su palacio tenía caballos con alas y hasta un dragón pero que no tenía ni un solo amigo.
– ¿Y por qué no te haces amigos de los animales? Ellos son buenos, te respetan siempre y nunca te abandonan.
– Pues los míos son holgazanes y aburridos. Siempre me enfado con ellos porque no hacen lo que quiero.
– A lo mejor no hacen lo que quieres porque no se lo pides por favor y te pasas el día enfadada…
– ¡¡Yo no me paso el día enfadada!! – exclamó muy enfadada Isabel y se marchó a un rincón de la granja con cara de pasa arrugada.
Miguel siguió jugando con los animales sin parar de sonreír. Parecía tan feliz y su sonrisa era tan bonita, que a Isabel se le pasó el enfado. ¿Cómo conseguiría Miguel no estar nunca enfadado?
– Es fácil. Cuando me levanto por la mañana lo primero que hago es sonreírle al espejo. Y con esa sonrisa me voy a todas partes. Sonrío a los perros, a mi vaca, a las gallinas… ¡sonrío hasta a las princesas enfadadas como tú! Y de tanto sonreír, la alegría se me mete dentro y todo me parece mucho mejor y ya no encuentro motivos para enfadarme. Prueba a hacerlo.
Isabel pensó que aquel plan era de lo más absurdo. Pero como no tenía nada que perder comenzó a sonreír. Estaba tan poco acostumbrada que hasta los músculos de la cara le dolían.
– ¡Esto es incomodísimo!
– ¡Qué va! Es solo hasta que te acostumbres…
Y era cierto. Después de un rato jugando con los animales y sin parar de sonreír, Isabel se dio cuenta de que ya no le dolía la cara al hacerlo y que además ya no tenía ganas de enfadarse. Isabel y Miguel se pasaron toda la tarde jugando con los animales y sin parar de sonreír.
– Gracias. Gracias por enseñarme a no estar enfadada siempre.
– De nada, Isabel. Para eso estamos los amigos…
En ese momento, apareció el hada de nuevo.
– Muy bien Isabel, ¡has conseguido olvidar tu enfado y sonreír! Ahora si quieres puedo cumplir tu deseo. ¿Quieres ir a la ciudad?
Pero Isabel ya no quería volver a la ciudad. Quería ver a su dragón y ser amable con él. Quería montar en sus caballos y divertirse con ellos. Quería descubrir cómo era su palacio sin estar enfadada. También quería jugar con Miguel todas las tardes.
Y como Isabel le pidió todas aquellas cosas al hada, por favor, por favor, por favor y con una enorme sonrisa en la cara… ¡el hada las cumplió todas!

Texto de María Bautista
Ilustración de Raquel Blázquez

Los leones del Primer Trimestre 207-18



Como sabéis una de las actividades de animación a la lectura es la entrega y publicación de los "Diplomas lectores trimestrales".
Utilizando la estadística del programa de gestión bibliotecaria "ABIES" publicamos los cursos que han utilizado con más asiduidad  han utilizado el sistema de préstamos.
Y estos han sido los cursos ganadores en el primer trimestre.  


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El país de las pulgas



Marta, la mamá de Paco Bermúdez nos cuenta hoy un cuento único "El país de las pulgas" una hermosa historia por su contenido e ilustraciones que permite trabajar la diversidad y la diferencia entre nosotros así como la aceptación. Muchísimas gracias por venir.


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La historia narra el cumpleaños de una pulga, que ha invitado a muchas otras para celebrarlo. Pero nunca antes se han visto y al llegar a la fiesta se sorprenden de ser distintas ( una amarilla, otra flaca, otra chiquitina) y se dedican a destacar sus diferencias. Cuando la primera dice “¿porque estás más flaca que una raspa de sardina?” como no sabe que responder y se siente mal… pues ataca a la siguiente, y así sucesivamente, hasta que  la última responde “pues porque nací así” Y acaban bailando juntas y felices.
Es una historia simple, con ritmo ágil debido a la reiteración de la misma pregunta con pocas variantes. Un relato simpático que habla de las diferencias y el respeto, de los orígenes, el autoconocimiento y la aceptación.
Pero el mayor mérito del libro son las ilustraciones. Imágenes diseñadas con tejidos, telas, botones, lentejuelas, bordados, encajes. 
La autora juega con las texturas y nos invita a observar y tocar, porque es inevitable aunque sepamos de ante mano que el papel será plano. Los retratos de las pulgas son un verdadero deleite para los ojos y la imaginación.

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Os dejo un "slideshare " para poder leer el cuento completo.